Cómo la formación, la experiencia y la búsqueda constante de calidad pueden transformar un proyecto personal en un emprendimiento vitivinícola con visión de futuro.
El mundo del vino está lleno de historias que comienzan de manera inesperada. Algunas nacen en familias vinculadas históricamente a la vitivinicultura; otras surgen de una curiosidad personal que, con el tiempo, se transforma en una verdadera vocación.
Ese es el caso de Atienza Wines, un proyecto liderado por Claudio Atienza, cuya relación con la elaboración de vinos comenzó de manera casi accidental en 2004 y que, con los años, fue evolucionando desde una producción completamente artesanal hacia un proyecto cada vez más profesionalizado.
Durante una reciente masterclass, Claudio compartió con los alumnos su recorrido, los aprendizajes que marcaron el crecimiento del proyecto y algunos de los principales desafíos que enfrenta actualmente un pequeño productor de vinos: desde la obtención de uvas y la logística hasta la incorporación de tecnología, el control de calidad y el desarrollo de un viñedo propio.
Un comienzo artesanal y lleno de ingenio
Claudio Atienza comenzó su trayectoria profesional como técnico en refrigeración industrial en Banfield. Su acercamiento a la elaboración de vinos ocurrió en 2004, cuando una vecina le enseñó los primeros pasos de la vinificación artesanal.
En aquellos comienzos, los recursos eran limitados. La fermentación se realizaba en tambores de 60 litros y buena parte de las tareas se desarrollaban manualmente, incluyendo el despalillado y el manejo del sombrero durante la fermentación.
La falta de equipamiento especializado también dio lugar a soluciones creativas. Entre ellas, Claudio llegó a adaptar un lavarropas para realizar un sistema de centrifugado que le permitiera avanzar en el proceso de elaboración.
Después de varios meses de maduración, consiguió embotellar sus primeras producciones. Los resultados fueron suficientemente alentadores como para mantener viva la inquietud por continuar aprendiendo y mejorando.
La formación como punto de inflexión
Después de una pausa en 2018, el proyecto retomó su actividad en 2021 con una mirada mucho más estructurada.
Uno de los grandes cambios estuvo relacionado con la formación. Claudio se incorporó a la Diplomatura en Enología y Gestión de Bodegas de Winexperts Global, experiencia que le permitió profundizar sus conocimientos y comenzar a incorporar herramientas técnicas a una práctica que hasta entonces había sido principalmente intuitiva.
Durante ese proceso también fueron importantes el acompañamiento de docentes y el intercambio con otros profesionales y estudiantes. Entre las personas que Claudio destacó durante la masterclass se encuentran Juan Pablo Díaz, Ana Puelles y Alejandra Parra, además de su alianza con el enólogo Nicolás Argüello.
La incorporación de conocimientos técnicos marcó un antes y un después.
En 2023, Claudio comenzó a aplicar controles más rigurosos sobre parámetros como el pH y la acidez, incluyendo correcciones con ácido tartárico. El objetivo era dejar atrás una elaboración basada únicamente en la experiencia y comenzar a tomar decisiones respaldadas por mediciones concretas.
Ese proceso de profesionalización también incluyó una pasantía en la bodega boutique Finca Camuñas, en San Juan, donde pudo profundizar sus conocimientos sobre fermentación y conocer otras experiencias vinculadas al trabajo enológico y al potencial de diferentes zonas vitivinícolas.
Aprender, medir y volver a intentar
La evolución de Atienza Wines muestra una característica fundamental de cualquier proyecto vitivinícola: la elaboración de vino es también un proceso permanente de aprendizaje.
Los primeros resultados positivos fueron dando paso a nuevos desafíos y a la necesidad de incorporar herramientas, equipamiento y conocimientos.
La participación en catas ciegas fue otra instancia de aprendizaje y evaluación. En una de ellas, los vinos de Claudio alcanzaron 89 puntos. Posteriormente, decidió participar en un concurso internacional y obtuvo una medalla de oro con 92 puntos por un Malbec desgranado manualmente.
Estos reconocimientos no aparecen como un punto final, sino como parte de un proceso de búsqueda constante de calidad.
Tecnificar sin perder la identidad
Con el crecimiento del proyecto también llegó la necesidad de invertir en equipamiento.
Atienza Wines incorporó un fermentador de acero inoxidable de 1000 litros con camisa refrigerada, huevos de cemento y plástico, barricas de roble y una prensa de mayor capacidad.
La incorporación de tecnología permitió mejorar el control de los procesos, pero el proyecto conserva algunas prácticas de elaboración manual. El embotellado, por ejemplo, continúa realizándose de manera artesanal, con una selección y desinfección rigurosa de las botellas y un sistema de llenado por gravedad.
También existe un componente familiar en la identidad de los vinos. Las etiquetas fueron diseñadas por las hijas de Claudio, incorporando una dimensión personal a los productos y reforzando la idea de que detrás de cada botella existe una historia.
El gran desafío: controlar la uva desde el origen
Uno de los principales obstáculos que enfrenta actualmente el proyecto es la falta de control directo sobre los viñedos de los que proviene la materia prima.
Para un productor que busca construir una identidad propia, esta situación representa un desafío importante. La variedad, el estado sanitario, el momento de cosecha y las condiciones en las que llega la uva pueden tener un impacto decisivo sobre el vino final.
Durante la masterclass, Claudio compartió incluso experiencias en las que recibió una variedad diferente de la solicitada, como una partida de Bonarda entregada como Merlot. También relató una situación con uva Uniblanc recibida en lugar de Sauvignon Blanc, que obligó a adaptar el proceso de elaboración y buscar alternativas enológicas para aprovechar la materia prima disponible.
Estos episodios muestran una realidad que atraviesa especialmente a los pequeños productores: cuando no se controla el viñedo, una parte importante de la identidad del vino comienza a depender de la relación con los proveedores y de la capacidad de adaptación en bodega.
La logística: cuando la calidad también depende del transporte
Conseguir una buena uva es solo una parte del desafío.
En el caso de Atienza Wines, el traslado de uvas desde San Juan hasta Banfield implica una operación logística compleja. Para preservar la calidad de la materia prima, Claudio implementó sistemas de transporte refrigerado mediante camiones térmicos y frigoríficos.
La experiencia demuestra que la logística no es un aspecto secundario de la elaboración: mantener las condiciones adecuadas desde la cosecha hasta la llegada a la bodega puede resultar determinante para proteger la materia prima.
Lo mismo sucede con el producto terminado. El transporte de botellas presenta sus propias dificultades, especialmente porque algunas empresas de encomiendas no aceptan líquidos. El proyecto combina distintas alternativas según el volumen y el destino, incluyendo envíos pequeños y transporte por expreso para cargas mayores.
Un proyecto que mira hacia la montaña
Uno de los grandes objetivos de Atienza Wines es lograr un mayor control sobre el origen de sus uvas.
Para ello, Claudio trabaja en el desarrollo de un viñedo propio en Colanguil, San Juan, una zona de montaña ubicada aproximadamente a 2.100 metros sobre el nivel del mar y cercana a la Cordillera de los Andes.
En noviembre de 2024 se plantaron 900 vides de Malbec, Pinot Noir, Merlot, Syrah y Chardonnay. Sin embargo, las condiciones extremas del lugar presentaron rápidamente nuevos desafíos.
La falta de agua, las dificultades iniciales con el sistema de riego y la intensa insolación provocaron una elevada mortalidad de plantas. Aproximadamente la mitad de las primeras 900 cepas se perdió, lo que llevó a replantear el manejo del viñedo y a incorporar el asesoramiento de un ingeniero agrónomo. En 2025 se realizó una nueva plantación de 500 ejemplares junto con mejoras en el sistema de riego.
La experiencia vuelve a poner en evidencia una de las grandes enseñanzas de la vitivinicultura: cada terroir presenta sus propias condiciones y exige observar, aprender y adaptar las decisiones de manejo.
Una mirada hacia una vitivinicultura más natural
El proyecto también busca desarrollar un manejo del viñedo lo más natural y orgánico posible.
El objetivo es evitar el uso de agroquímicos y limitar las intervenciones a aquellos nutrientes necesarios para favorecer un desarrollo saludable de las plantas. Entre las prácticas mencionadas durante la masterclass se encuentra el uso de abono de cabra para enriquecer un suelo arenoso y de elevada capacidad de filtración.
A futuro, además, existe interés en explorar nuevas elaboraciones, como espumantes y vinos de cosecha tardía.
Construir una bodega propia
El crecimiento del proyecto también plantea un desafío de infraestructura.
Actualmente, Claudio trabaja en la construcción de una nueva bodega de aproximadamente 4 por 8 metros, realizando personalmente gran parte de las tareas de obra, desde los techos y la pintura hasta la iluminación y el aislamiento.
El objetivo no es solamente contar con un espacio más adecuado para elaborar. La intención es avanzar hacia una bodega propia habilitada, que permita profesionalizar aún más la producción, organizar degustaciones privadas y ampliar las posibilidades comerciales del proyecto.
Más que elaborar vino: construir un proyecto
La historia de Atienza Wines permite observar una dimensión de la vitivinicultura que muchas veces queda detrás de la botella.
Elaborar vino implica mucho más que transformar uvas en una bebida. Requiere comprender el viñedo, gestionar proveedores, controlar procesos, invertir en equipamiento, resolver problemas logísticos, cuidar la higiene, tomar decisiones técnicas y construir una identidad propia.
También requiere aceptar que el aprendizaje es permanente.
Desde aquellos primeros tambores de 60 litros y soluciones improvisadas hasta los fermentadores de acero inoxidable, las barricas, el proyecto de viñedo propio y la construcción de una bodega, el recorrido de Atienza Wines refleja una evolución basada en la experiencia, la formación y la perseverancia.
Y quizás allí se encuentre una de las principales enseñanzas de esta historia: un proyecto vitivinícola puede comenzar de manera artesanal y personal, pero su crecimiento exige incorporar conocimiento, método y capacidad de adaptación sin perder la identidad que le dio origen.
Desde Winexperts Global celebramos estos espacios de encuentro porque permiten que nuestros alumnos conozcan experiencias reales, con sus logros, dificultades y aprendizajes, y comprendan que detrás de cada vino existe un proceso mucho más amplio: personas, decisiones, territorio, conocimiento y una visión de futuro.
