La vitivinicultura está atravesando uno de los procesos de transformación más importantes de las últimas décadas. Ese fue el eje central de la masterclass brindada por el ingeniero agrónomo Marcelo Canatella, quien compartió su experiencia de más de 30 años en el sector y analizó los desafíos y oportunidades que definirán el futuro de la producción de vinos.
Durante el encuentro, Canatella explicó que la industria enfrenta una reconversión global impulsada tanto por cambios en los hábitos de consumo como por factores climáticos, económicos y tecnológicos. En este contexto, destacó que hoy existe un excedente de superficie cultivada en relación con la demanda, lo que obliga a muchas regiones productoras a replantear sus estrategias y buscar nuevos modelos de desarrollo.
El nuevo significado del terruño
Uno de los conceptos que más evolucionó en los últimos años es el de terruño. Tradicionalmente asociado al clima y al suelo, hoy incorpora una mirada mucho más amplia que incluye la biodiversidad, los microorganismos presentes en el viñedo, la vegetación circundante e incluso el conocimiento y la intervención humana.
Esta visión también se refleja en el diseño de los nuevos viñedos. Según Canatella, el paradigma ha cambiado: ya no se busca únicamente la perfección geométrica o la uniformidad estética, sino respetar las características naturales del paisaje, conservar corredores biológicos y proteger la diversidad que aporta identidad a cada lugar.
Más regiones, más variedades, más identidad
Otro de los grandes cambios que atraviesa la vitivinicultura argentina es la expansión hacia nuevas zonas productivas. El desarrollo técnico y el mayor conocimiento enológico han permitido que provincias y regiones antes impensadas comiencen a elaborar vinos de calidad, desde zonas atlánticas hasta viñedos de gran altitud.
En paralelo, crece el interés por explorar variedades distintas a las tradicionales. Cepas como Riesling, Traminer, Mencía o Garnacha ganan espacio junto con la recuperación de antiguas variedades criollas, ampliando la diversidad de estilos y fortaleciendo la identidad regional de los vinos argentinos.
Los desafíos que plantea el cambio climático
La charla también puso el foco en las dificultades que enfrenta el sector. La escasez de agua en muchas regiones áridas, el aumento de la radiación solar, las heladas recurrentes y los fenómenos climáticos extremos obligan a adaptar permanentemente las prácticas de manejo.
Entre las soluciones que comienzan a generalizarse se encuentran la incorporación de mallas de protección, tecnologías para monitorear el estado hídrico del viñedo y nuevas estrategias para preservar la calidad de la uva frente a condiciones ambientales cada vez más exigentes.
El costo de reconvertirse
La renovación de viñedos envejecidos representa otro gran reto para los productores. Muchas plantaciones realizadas entre comienzos de los años 2000 y 2010 necesitan ser reemplazadas o adaptadas, un proceso que demanda inversiones muy elevadas y que resulta especialmente complejo para quienes trabajan en segmentos de menor valor agregado.
A esto se suma la creciente dificultad para conseguir mano de obra especializada en determinadas regiones, donde otras actividades económicas compiten por los trabajadores disponibles.
Tecnología y sustentabilidad como motores del futuro
Lejos de plantear un escenario pesimista, Canatella destacó las oportunidades que ofrece la innovación. El uso de sensores de humedad, mapas térmicos, estudios microbiológicos y técnicas de manejo más respetuosas con el suelo permite tomar decisiones cada vez más precisas y avanzar hacia una viticultura sostenible.
En este sentido, señaló que prácticas como la labranza vertical reemplazan métodos más agresivos, ayudando a conservar la estructura del suelo y la expresión propia de cada terruño.
Educar al consumidor sin perder la esencia
Otro de los mensajes destacados de la masterclass fue la importancia de comunicar el vino de manera accesible. Si bien el marketing puede despertar el interés inicial, la calidad del producto es la que construye una relación duradera con el consumidor.
Canatella invitó además a evitar una excesiva complejidad técnica en la comunicación y recordó que el vino debe seguir siendo una bebida ligada al disfrute, la gastronomía y el encuentro cotidiano.
Una industria en constante evolución
La masterclass dejó una conclusión clara: el futuro de la vitivinicultura dependerá de la capacidad para adaptarse a nuevos escenarios sin perder la identidad de cada región. La diversificación varietal, la protección de la biodiversidad, la incorporación de tecnología y una mirada integral sobre el terruño aparecen hoy como pilares fundamentales para construir una producción más resiliente y sostenible.
Más que una simple actualización técnica, la exposición de Marcelo Canatella ofreció una reflexión sobre cómo evolucionan los viñedos y cómo esa evolución impacta en los vinos que llegan a la copa, invitando a profesionales, estudiantes y aficionados a pensar el futuro del sector desde una perspectiva innovadora y comprometida con el territorio.
